2) Favorecer la integración de todos y todas en el sistema escolar. Conviene recordar que se ha observado continuidad entre determinados problemas de integración escolar detectados desde los 8 o 10 años de edad, y el comportamiento violento en la juventud y en la edad adulta.
3) Distribuir las oportunidades de protagonismo. Los niños y adolescentes con comportamiento antisocial suelen mantenerlo e incrementarlo porque con dicho comportamiento obtienen la atención de personas significativas para ellos; atención que tiende a convertirse en un premio debido a la fuerte necesidad de protagonismo y a la ausencia de alternativas positivas para conseguirlo.
4) Orientar la intervención de forma que favorezca cambios cognitivos (superando, por ejemplo, el pensamiento absolutista), afectivos (estimulando la empatía o rompiendo la asociación entre violencia y poder) y de comportamiento (ayudando a adquirir habilidades que permitan resolver conflictos o expresar la tensión sin recurrir a la violencia); con lo que se favorece la incorporación del rechazo a la violencia en la propia identidad.
5) Enseñar a detectar y a combatir los problemas que conducen a la violencia, incluyendo su estudio como materia de enseñanza-aprendizaje, de forma que se comprenda como un problema que nos afecta a todos (y no sólo a sus víctimas más visibles), de naturaleza destructiva para todos los que con ella conviven y contra el cual se puede y se debe luchar; adquiriendo al mismo tiempo las habilidades necesarias para no recurrir a la violencia ni ser su víctima.
6) Educar en la empatía y el respeto a los derechos humanos. Incluyendo: 1) la capacidad para ponerse en el lugar del otro (adopción de perspectivas) 2) y la comprensión de los derechos universales y la capacidad de usar dicha comprensión en las propias decisiones morales.
7) Superar las representaciones que conducen a la violencia, como el sexismo, el racismo y la xenofobia
8) Utilizar los medios de comunicación en la educación en valores
9) Desarrollar la democracia escolar. Con ello se consigue avanzar en los objetivos anteriormente expuestos, y aumentar la eficacia de los profesores en la transmisión de los valores, mejorar la calidad de la vida en la escuela.
10) La colaboración entre la escuela, la familia y el resto de la sociedad. incrementar la presencia, el poder y la participación de los padres y las madres en la vida de la escuela, desde esquemas basados en el respeto mutuo orientando la colaboración hacia la búsqueda conjunta de soluciones para lograr un objetivo compartido.